El cuaderno empieza con cosas que no parecen encajar: media frase, algo oído durante un paseo, un color que se quedó en la memoria. Al intentar reunirlo todo en una sola historia, cada idea pierde un poco de fuerza. Por separado, en cambio, aparecen tres preguntas: ¿qué nos hace detenernos, qué despierta nuestra curiosidad y qué nos llevamos con nosotros?
Dedicar un episodio a cada pregunta les da espacio en lugar de recortarlas. Los episodios nacen del mismo cuaderno, pero no cuentan lo mismo. Uno se queda dentro de un instante; otro explora lo que lo rodea; el tercero vuelve atrás y encuentra otro sentido. Lo que los une no son las respuestas repetidas, sino una curiosidad compartida.


