En una historia breve suelen interesarme más las pausas. La respiración antes de hablar, una silla vacía o una mirada que se alarga después de una frase pueden decir más que el propio acontecimiento. Mis primeras notas hablan menos de escenas concretas que de los momentos en los que el relato necesita ir más despacio.
Después imagino esos pequeños instantes uno junto a otro. Dejar algunos espacios abiertos, sin llenarlo todo, ayuda a que la historia encuentre su voz. No hace falta saberlo todo desde el principio: una pregunta en el aire también forma parte del ritmo. Para mí, un buen comienzo despierta las ganas de escuchar la siguiente frase.


