A veces un lugar vuelve a la memoria como un sonido antes que como una imagen. Los pasos que se alejan por un pasillo, una silla al tocar el suelo, las voces que entran por una ventana abierta: esas piezas pequeñas crean, juntas, una atmósfera propia.
En estas notas me interesan menos los sonidos más fuertes que lo que ocurre entre ellos. ¿Qué queda en la habitación cuando termina una conversación? ¿Cómo se percibe dentro el movimiento de fuera? En lugar de explicarlo todo con palabras, quiero dejar que el lugar participe en la historia. A veces, entender una escena empieza por escucharla un poco más.


