¿Tiene que terminar la historia de un objeto cuando otro ocupa su lugar? Un bolso con las asas gastadas, una chaqueta sin un botón o una mesa con el borde rayado conservan las huellas de los años. Entre ver esas marcas como defectos o como recuerdos hay toda una conversación pendiente.
Compartir no consiste solo en entregar algo a otra persona. Contar cómo se usó, de dónde vino y por qué se guardó también transmite parte de su historia. Una charla alrededor de una mesa acaba abriendo una pregunta más amplia: ¿qué relación queremos tener con las cosas que nos rodean?


